“Si no puedes bailar, no me interesa tu revolución” -Emma Golman

Cuestionar el discurso capacitista fue el motivo de un conversatorio en el que participamos el 24 de octubre en la UMSA en La Paz. Aquí las ideas claves de cada panelista. 

Ojos que no ven / La Paz

Cuando la feminista y anarquista de principios del siglo XX, Emma Goldman, hija de judíos que huyeron de la Rusia zarista, volvió a la Rusia revolucionaria para encontrarse con Lenin, lanzó el siguiente dardo: “si no puedes bailar, no me interesa tu revolución”. Con esta idea, que descolocó al super dirigente de la Rusia revolucionaria, Emma quiso alertar sobre el peligro  de hacer una revolución a base de consignas generalmente lanzadas por intelectuales que creen que la realidad únicamente puede abarcarse desde su campo. Pues bien, nosotros sentimos así durante el conversatorio organizado por ex estudiantes de Antropología y Arqueología de la Universidad Mayor de San Simón (UMSA) en La Paz,  llamado “Debatiendo los discursos de la normalidad y el Capacitismo”.

La Emma Goldman del conversatorio fue el antropólogo Pedro Pachagualla. Él nos descoló e invitó a bailar tras su ponencia autobiográfica. Pedro nos contó que nació como un niño más, pero que en la escuela se dio cuenta de que comenzaron a tratarle como diferente. “Como eres cojito no puedes jugar a fútbol”,  le decían. Al principio imaginó, mientras veía a los otros jugar, que hacía las mejores jugadas. Después, se refugió en los libros de Robinson Crusoe y otras novelas de aventuras. Luego, los demás niños empezaron a valorarle por su capacidad para hablar de cosas que ellos no conocían. En definitiva, por su capacidad para contar historias.

El tiempo pasó y Pedro Pachagualla consagró su vida a la antropología. Nunca se le ocurrió que la “discapacidad” fuese un tema para incluir en las investigaciones. La academia le sirvió para salir del oscurantismo en el que uno cae cuando todo tu entorno te hace sentir diferente en base al “no puedes hacer esto, no puedes hacer aquello”. Sin embargo, Pedro sentía que algo le faltaba. Cuando estalló la marcha de las personas con discapacidad, hace dos años, que se dio cuenta. Le habían robado la conciencia de su propio cuerpo.  Pedro terminó su ponencia con los ojos llorosos, y al son de Tito Puente, nos invitó a bailar a todos y a todas las presentes para recuperar nuestros cuerpos.

Tras el bailecito, la doctora Ketty Arce nos habló del proceso lento y tortuoso de la entrada de estudiantes con etiqueta de discapacidad en la UMSA. Cuando la universidad empezó a abrir las puertas a las personas con discapacidad, dice la doctora, sólo entró una decena de alumnos. Actualmente, seis años después, la UMSA cuenta con unas 30 personas con discapacidad. Ella ha impulsado la creación de un centro de asesoría para las personas admitidas. Actualmente, están desarrollando investigaciones y talleres para docentes y personal administrativo de la universidad tendentes a romper con los prejuicios sociales que todavía hoy dificultan enormemente la entrada de las personas con etiqueta de discapacidad en la universidad.

Alejandra Núñez del Prado, estudiante de antropología, se acercó a las personas de la marcha que llegaban a la Paz para acompañar en el cuidado de las necesidades básicas de la gente, como ir al baño o desplazarse por una ciudad tan escarpada como la Paz. Conoció a la gente y comprendió porque la concesión de la renta por parte del estado no es una medida puramente asistencial. Pues aspectos como medicamentos caros para personas con discapacidad múltiple o el transporte no adaptado dificultan enormemente la dignidad para las personas. Por eso necesitan la renta. Su ponencia culminó con un paisaje sonoro sobre algunos momentos impactantes de las movilizaciones.

Justo Blanco, dirigente y marchista del Alto, nos explicó la posición actual de las personas que se movilizaron. “Consideramos como un avance la nueva ley de renta y reinserción laboral para las personas con discapacidad. Pero seguimos vigilantes porque no sabemos como la van a aplicar y que ocurrirá con las alcaldías que son las que tienen que pagar ahora la renta”.

Nosotros, como Burlando Fronteras, hablamos de la discapacidad en la historia. Generalmente, se dice que en el pasado las personas con etiqueta de discapacidad estábamos desahuciadas debido a la dureza de la vida.  Ahora bien, ¿es eso cierto? Con varios ejemplos históricos mostramos que algunas culturas del pasado -con una organización social no competitiva- eran profundamente solidarias y procuraban cuidados para toda la población.

Finalmente, Sergio Rodríguez, recién graduado como periodista en la UMSA y persona hipoacúsica, nos mostró algunas nociones de la cultura sorda. Nos explicó la situación de limbo en que se encuentran las personas hipoacúsicas: a caballo entre las personas oyentes y las personas sordas.

Queremos agradecer enormemente a la antropóloga Marianela Díaz, Ph. D. por ser la impulsora de este conversatorio y por movilizarse para gestionar con la Jefactura de Carrera de Antropología, nuestra estancia en La Paz.

 

*Ojos que no ven es Richard Mateos, miembro de Burlando Fronteras.

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