Las manos de Romi Parada lanzan flechas envenenadas a la normalidad de la inconsciencia

Ojos que no ven / Santa Cruz de la Sierra

Después de peregrinar de hospital en hospital y de doctor en doctor, a Romi Parada le diagnosticaron sordera. Su papá se dio cuenta tras observar una serie de pruebas desestimadas por los doctores. Por ejemplo: pasaba el tiempo y Romi no hablaba; sonaban estampidos de petardos, puertas que se cerraban bruscamente por el viento y ella ni se inmutaba; reventaban globos durante sus cumpleaños y la niña no reaccionaba. Los doctores seguían lanzando diatribas cargadas de prejuicios: “su niña tiene retardo y ya hablará”.

Romi fue una migrante por “discapacidad”. Ante la falta de oportunidades en Bolivia, sus padres decidieron que estudiara el nivel inicial en Argentina en una escuela de monjas en la que se mezclaban niños y niñas sordas con oyentes. Lo que más le costó no fue estudiar, sino que la forzaran a oralizar -hablar utilizando su garganta- para poder comunicarse con el mundo de los oyentes. “Ni la gente ni los gobiernos se dan cuenta de que para nosotros aprender a hablar mediante la voz, y al mismo tiempo aprender la lengua de señas, es bilingüismo. Hablamos dos idiomas. Pero nuestra lengua de señas no se reconoce como tal”, cuenta Romi.

Pese a que no olvida su experiencia en Argentina, se sintió violentada por ser boliviana. Cuando regresó a Bolivia se sintió menospreciada por ser sorda.

Romi tiene tres hijos oyentes que dominan la lengua de señas y con quienes se ríe mucho. Como ella se expresa para los oyentes a menudo, la gente piensa que los sordos son sus hijos y no ella. Coleccionan anécdotas que reflejan los prejuicios dominantes en la sociedad boliviana. En la calle, micros, pensiones, se repiten los “qué pena, sus hijos son sorditos”. Romi ha escuchado que la prejuiciosa normalidad dice de ella.

Bueno, escuchar que se diga escuchar no. Ella lee los labios para captar lo que la prejuiciosa normalidad comenta sobre ella. Para esta visita, contamos con la fabulosa interpretación de Lourdes Cruz. Cuando Lourdes nos interpreta es como si fuera una chamana que se comunica con otro mundo, como que entrara en trance. Su voz se expresa aunque no es ella la que habla. Sin embargo, a Romi no siempre le hace falta intérprete. Pero lamenta la falta de intérpretes en instituciones tales como comisarías, hospitales, mayoría de las escuelas y universidades, alcaldía o el Servicio de Registro Civil (Sereci), entre otros. Ante la pregunta de un estudiante, Romi denuncia que cuando las personas sordas quieren tener intérprete, tienen que pagárselo de su bolsillo. A menudo quedan en una franca indefensión.

Ella trabaja en la escuela Julia Jiménez, una de las pocas escuelas en las que los niños y las niñas sordas pueden estudiar con dignidad mezclados con niños oyentes. “Falta mucho por hacer, pero estamos avanzando”, dice.

Romi es dirigente de la Asociación de Personas Sordas de Santa Cruz de la Sierra. Frecuentemente asiste a reuniones políticas y talleres de capacitación. Sostiene que antes de este gobierno no había absolutamente nada para las personas sordas. Pero que aún hay varios desafíos vigentes.

Muchas vulneraciones de derechos humanos se deben al aislamiento al que son condenados por la mayoría de la población oyente. ¿Será que Romi viene de otro mundo, o será que los oyentes deambulamos como zombis por el mundo de la inconsciencia?

 

Texto: Ojos que no ven es Richard Mateos, miembro de Burlando Fronteras

Fotografía: estudiantes de Periodismo y Discapacidad de la UEB

Rompiendo etiquetas en la U

Hace 2 semestres, Burlando Fronteras llegó a la Universidad Evangélica Boliviana para compartir un taller práctico sobre periodismo y “discapacidad”. Compartimos conocimientos que buscan romper con los discursos dominantes que los medios de comunicación vierten sobre las personas con etiqueta de discapacidad. Analizamos noticias, artículos de opinión y textos institucionales; proyectamos cine sobre la temática; debatimos sobre el lenguaje y las distintas formas de llamar a la “discapacidad”; nos sumergimos en la Historia. Lo más importante, invitamos a personas con etiqueta de discapacidad a que nos visiten y aporten su propia voz.

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En esta ocasión, nos ha visitado Samuel Cabrera, presidente de la Federación de Personas con Discapacidad del departamento de Santa Cruz. Es un marchista experimentado que participó en todas las marchas del sector desde el 2005 hasta la actualidad.

Las y los estudiante, al recibirle, comprobaron que la universidad cumple con los parámetros de accesibilidad en la planta baja con rampas y agarraderas. Sin embargo, no se cumple dichos parámetros si se quiere acceder a la planta superior. Pues solo hay gradas y no ascensor o rampas que permitan el acceso a quienes se desplazan en silla de ruedas. Ante la falta de accesibilidad a nuestra aula que se encuentra en la segunda planta, rompimos la etiqueta y nos trasladamos al jardín. Dimos la clase sintiendo el pasto y acompañados por los pájaros.

Samuel nos contó que hace 30 años su vida cambió drásticamente cuando un accidente automovilístico le obligó a dejar de caminar y le forzó a desplazarse impulsado por una silla  de ruedas. Pese a lo duro que le pareció su situación al principio -debido a la discriminación, lástima y autovaloración- ahora siente que la “discapacidad” le sirve para ampliar horizontes. “Aprendí a dominar mi mente. Me di cuenta de que recuperar un oficio me ayudaría no sólo a ganar dinero; sino también a mantener alejados los pensamientos tóxicos de mi cabeza. Aprendí, queridos jóvenes, a valorar cada peso que gano como fruto de mi trabajo. Antes lo derrochaba”, dijo Samuel.

Sobre la situación sociopolítica actual, Samuel sostiene que la lucha de las personas con etiqueta de discapacidad por una renta mensual digna no es algo inventado por otros. “El presidente nos lo prometió en la campaña electoral que le permitió llegar al poder por primera vez. Pero después se olvidó. Ahora, con la nueva renta mensual que se dará a partir del año próximo, más la inserción laboral en empresas públicas y privadas, se abren nuevas posibilidades para nosotros. Pero, yo les pregunto: ¿creen que no habrán diferencias entre las alcaldías a la hora de pagar la renta? ¿se encargarán las alcaldías de censar a toda la gente de sus municipios? ¿qué tipo de trabajos obtendremos en las empresas públicas y privadas? ¿cómo llegaremos a ellos si los transportes no están adaptados?. Quién no lo vive, no sabe. Las autoridades hablan sin estudiar las necesidades de nuestra gente”, asegura.

Finalmente, el grupo de estudiantes le preguntó sobre las condiciones de la ciudad de Santa Cruz. “Hasta que la alcaldía no ponga un transporte propio que le quite poder a los sindicatos de transportistas, no tendremos unas condiciones dignas a la hora de desplazarnos”, respondió Samuel.

“Si no puedes bailar, no me interesa tu revolución” -Emma Golman

Cuestionar el discurso capacitista fue el motivo de un conversatorio en el que participamos el 24 de octubre en la UMSA en La Paz. Aquí las ideas claves de cada panelista. 

Ojos que no ven / La Paz

Cuando la feminista y anarquista de principios del siglo XX, Emma Goldman, hija de judíos que huyeron de la Rusia zarista, volvió a la Rusia revolucionaria para encontrarse con Lenin, lanzó el siguiente dardo: “si no puedes bailar, no me interesa tu revolución”. Con esta idea, que descolocó al super dirigente de la Rusia revolucionaria, Emma quiso alertar sobre el peligro  de hacer una revolución a base de consignas generalmente lanzadas por intelectuales que creen que la realidad únicamente puede abarcarse desde su campo. Pues bien, nosotros sentimos así durante el conversatorio organizado por ex estudiantes de Antropología y Arqueología de la Universidad Mayor de San Simón (UMSA) en La Paz,  llamado “Debatiendo los discursos de la normalidad y el Capacitismo”.

La Emma Goldman del conversatorio fue el antropólogo Pedro Pachagualla. Él nos descoló e invitó a bailar tras su ponencia autobiográfica. Pedro nos contó que nació como un niño más, pero que en la escuela se dio cuenta de que comenzaron a tratarle como diferente. “Como eres cojito no puedes jugar a fútbol”,  le decían. Al principio imaginó, mientras veía a los otros jugar, que hacía las mejores jugadas. Después, se refugió en los libros de Robinson Crusoe y otras novelas de aventuras. Luego, los demás niños empezaron a valorarle por su capacidad para hablar de cosas que ellos no conocían. En definitiva, por su capacidad para contar historias.

El tiempo pasó y Pedro Pachagualla consagró su vida a la antropología. Nunca se le ocurrió que la “discapacidad” fuese un tema para incluir en las investigaciones. La academia le sirvió para salir del oscurantismo en el que uno cae cuando todo tu entorno te hace sentir diferente en base al “no puedes hacer esto, no puedes hacer aquello”. Sin embargo, Pedro sentía que algo le faltaba. Cuando estalló la marcha de las personas con discapacidad, hace dos años, que se dio cuenta. Le habían robado la conciencia de su propio cuerpo.  Pedro terminó su ponencia con los ojos llorosos, y al son de Tito Puente, nos invitó a bailar a todos y a todas las presentes para recuperar nuestros cuerpos.

Tras el bailecito, la doctora Ketty Arce nos habló del proceso lento y tortuoso de la entrada de estudiantes con etiqueta de discapacidad en la UMSA. Cuando la universidad empezó a abrir las puertas a las personas con discapacidad, dice la doctora, sólo entró una decena de alumnos. Actualmente, seis años después, la UMSA cuenta con unas 30 personas con discapacidad. Ella ha impulsado la creación de un centro de asesoría para las personas admitidas. Actualmente, están desarrollando investigaciones y talleres para docentes y personal administrativo de la universidad tendentes a romper con los prejuicios sociales que todavía hoy dificultan enormemente la entrada de las personas con etiqueta de discapacidad en la universidad.

Alejandra Núñez del Prado, estudiante de antropología, se acercó a las personas de la marcha que llegaban a la Paz para acompañar en el cuidado de las necesidades básicas de la gente, como ir al baño o desplazarse por una ciudad tan escarpada como la Paz. Conoció a la gente y comprendió porque la concesión de la renta por parte del estado no es una medida puramente asistencial. Pues aspectos como medicamentos caros para personas con discapacidad múltiple o el transporte no adaptado dificultan enormemente la dignidad para las personas. Por eso necesitan la renta. Su ponencia culminó con un paisaje sonoro sobre algunos momentos impactantes de las movilizaciones.

Justo Blanco, dirigente y marchista del Alto, nos explicó la posición actual de las personas que se movilizaron. “Consideramos como un avance la nueva ley de renta y reinserción laboral para las personas con discapacidad. Pero seguimos vigilantes porque no sabemos como la van a aplicar y que ocurrirá con las alcaldías que son las que tienen que pagar ahora la renta”.

Nosotros, como Burlando Fronteras, hablamos de la discapacidad en la historia. Generalmente, se dice que en el pasado las personas con etiqueta de discapacidad estábamos desahuciadas debido a la dureza de la vida.  Ahora bien, ¿es eso cierto? Con varios ejemplos históricos mostramos que algunas culturas del pasado -con una organización social no competitiva- eran profundamente solidarias y procuraban cuidados para toda la población.

Finalmente, Sergio Rodríguez, recién graduado como periodista en la UMSA y persona hipoacúsica, nos mostró algunas nociones de la cultura sorda. Nos explicó la situación de limbo en que se encuentran las personas hipoacúsicas: a caballo entre las personas oyentes y las personas sordas.

Queremos agradecer enormemente a la antropóloga Marianela Díaz, Ph. D. por ser la impulsora de este conversatorio y por movilizarse para gestionar con la Jefactura de Carrera de Antropología, nuestra estancia en La Paz.

 

*Ojos que no ven es Richard Mateos, miembro de Burlando Fronteras.